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viernes, 9 de octubre de 2009

Orilla


La arena se siente fría bajo mis pies descalzos y camino por la orilla de un mar que desconozco. El pelo suelto se revuelve en mi cara y una humedad salada me parte los labios. La noche está cerrada y no hay signos de que la luna vaya a salir. El ruido de las olas me resulta tan lejano y a la vez parece que retumbara adentro mío. Muy adentro. En ese espacio hueco que sólo yo sé dónde está porque cada tanto se hace sentir. Pienso en la loca idea de que siguiendo ese camino podría dar toda la vuelta al continente sin perderme. Y eso para llegar a este mismo lugar que simulará ser igual a pesar de haber cambiado completamente desde el momento en que decidí volver, pero no caminando para atrás, sino para adelante. Siempre para adelante y sin perder de vista la orilla.
"Si tus besos no son mi orilla
naufragaremos toda la vida"
(Rosana)

martes, 18 de agosto de 2009

Ganas


Hay palabras que salen naturalmente, otras que cuesta decirlas y nunca faltan las que se escapan a borbotones en los momentos menos indicados. Igual las prefiero antes que los silencios incómodos que se dan cuando no tenés qué decir o cuando la experiencia de haberte equivocado tantas veces al decirlas te indica que las guardes. Vos y yo perdimos eso, las palabras, el diálogo, el tema de charla que abarque un aspecto un poco más amplio que el obvio y casi protocolar "¿Cómo andan tus cosas?" seguido por una enumeración de logros, fracasos y aspiraciones profesionales. Me gustaban más las discusiones existenciales, la teorización del inteorizable amor, los divagues, las conclusiones sobre ningún tema, las charlas de café que te llevan desde el clima hasta la Teoría de la Relatividad. Hoy no quiero saber dónde trabajás mañana ni cuan largo es tu currículum, prefiero que tararees las canciones que te acordás de Cebollitas o que saques conclusiones sobre la gente que camina sin pisar las rayas de la vereda. Hablemos de la tormenta de Santa Rosa o de los efectos del jet lag. Me gustaría saber qué pensás sobre el nene de once años que entrevistó a Obama y si te gustó la última película de Woody Allen. Parece tonto, pero hoy me levanté con ganas de un poco de todo esto.

jueves, 6 de agosto de 2009

Tuyo


Así como vos tenés un pedacito mío, sabés bien que yo guardo un pedacito tuyo. A veces se escabulle entre los CDs y aparece en los momentos más inoportunos para hacerme escuchar alguna de nuestras canciones. En las noches de insomnio lo guardo abajo de la almohada para apretarlo fuerte y que no salga. Disculpame, pero zumba y no me deja dormir. Quise devolvértelo un par de veces, pero parece que está cómodo conmigo y no quiere volver. En algún que otro momento de enojo traté de camuflarlo con el perfume de otro, pero al poquito tiempo ya tenía el tuyo a flor de piel. Mirá que me he topado con pedacitos molestos y escurridizos, pero éste me está volviendo loca. Cuanto mejor lo escondo, más ruido hace. Ya me ganó por cansancio y hasta lo dejo dormir conmigo cuando llueve. Me encariñé con él y ya casi no molesta. Igual, si querés, pasá a buscarlo por casa. Está escondido adentro de un libro; ese que siempre empezaste y nunca terminaste de leer.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Pedacito


Guardá este poquito de mí para cuando estés solo. Ponelo en un cajón o acomodalo en la repisa. Llevalo de vacaciones, presentáselo a tus abuelos y mostráselo a tus amigos. No lo saques a bailar porque se vuelve incómodo. Recordalo, pero no siempre. Cuidado porque se te va a acercar en los días de tristeza, cuando me extrañes. A veces molesta y hace ruido a la noche cuando no podés dormir. Le gusta acompañarte en tus pensamientos al caminar por la playa o cuando te sentás a leer algo en la plaza. Mientras estés bien quizás no lo encuentres y se quede ahí, juntando polvo, en el lugar más recóndito del placard. Pero ese poquito de mí está ahí. Buscalo y dejalo donde más te guste. Escondelo, guardalo abajo de la almohada, pintalo de otro color, ponele mi perfume, encuadralo. Lo único que no vas a poder hacer es deshacerte de él, sobre todo cuando más molesto te resulte.


"Tanta vida yo te di
Que por fuerza tienes ya
Sabor a mí"